El Estado de México mantiene al dengue a la baja y, de acuerdo con cifras recientes, los casos confirmados se redujeron 90% en comparación con el mismo periodo del año anterior. Entre enero y el 29 de junio de 2026 se registraron 7 casos, mientras que en ese mismo lapso de 2025 sumaban 71, además de que este año no se ha reportado ninguna defunción por la enfermedad.
El descenso se explica por una estrategia de prevención más intensa en las zonas de mayor riesgo, sobre todo en municipios del sur mexiquense como Luvianos y Tlatlaya, donde se concentra la vigilancia epidemiológica. Las autoridades de salud han reforzado acciones de control larvario, descacharrización y campañas en hogares para cortar la reproducción del mosquito Aedes aegypti.
El dengue se manifiesta de 4 a 10 días después de la picadura del mosquito. Los síntomas incluyen fiebre alta (de hasta 40° C), dolor de cabeza, detrás de los ojos, muscular y articular intenso (conocido como "fiebre quebrantahuesos"), además de náuseas, vómitos y sarpullido.
Ahora bien, cerca del 5% de los enfermos desarrollan dengue grave. Las principales complicaciones incluyen la fuga de líquidos de los vasos sanguíneos (fuga capilar), daño a órganos vitales y un síndrome de choque. Si no se tratan a tiempo, estas fallas sistémicas pueden provocar hemorragias internas severas y ser mortales.
La prevención y tratamiento oportuno del dengue son vitales dentro y fuera del Estado de México. De ahí que la Secretaría de Salud estatal ha insistido en que la prevención en casa sigue siendo la medida más efectiva para mantener controlado el dengue.
Por eso, las campañas se enfocan en eliminar criaderos, tapar recipientes, voltear cubetas y mantener patios limpios, especialmente durante la temporada de lluvias. Además, el seguimiento sanitario se mantiene activo en municipios con mayor incidencia histórica, como los del sur de la entidad, donde el clima favorece la proliferación del mosquito transmisor.