Andrés Filomeno Mendoza Celis, conocido como el "Monstruo de Atizapán" o el "Caníbal de Atizapán", murió este 29 de octubre de 2026 a los 78 años. El interno se encontraba recluido en el Centro Penitenciario y de Reinserción Social de Tenango del Valle, Estado de México, y su fallecimiento habría sido derivado de complicaciones de salud.
El secretario de Seguridad mexiquense, Cristóbal Caramillo, informó que Mendoza Celis padecía una enfermedad terminal, además de hipertensión y diabetes. El funcionario señaló que el deceso ocurrió durante la noche y que las autoridades realizan los trámites correspondientes, incluida una necropsia antes de liberar el cuerpo a sus familiares.
El interno había sido hospitalizado desde el 15 de julio de 2025 en el Hospital Adolfo López Mateos, en Toluca, por complicaciones respiratorias derivadas de estenosis traqueal y neumonía nosocomial.
Andrés Filomeno Mendoza Celis era originario de Oaxaca y vivía en la colonia Lomas de San Miguel, en Atizapán de Zaragoza, Estado de México. Antes de su detención, era conocido por algunos vecinos como una persona que ayudaba a la comunidad, una imagen que, según las autoridades, le permitió no levantar sospechas.
Fue detenido el 15 de mayo de 2021, después de que un policía de Tlalnepantla siguió el rastro del celular de su esposa desaparecida, Reyna González Amador, hasta la vivienda de Mendoza. Al ingresar, el oficial encontró a la mujer desmembrada.
Durante los cateos realizados en su casa, las autoridades localizaron restos humanos en un refrigerador y en una mesa del sótano. Tras excavaciones en el inmueble, se encontraron más de 4 mil 300 restos óseos, atribuidos a al menos 19 víctimas, entre ellas 17 mujeres adultas, un niño y un hombre. Hasta el momento, solo seis víctimas han sido identificadas de manera oficial.
Mendoza Celis acumuló ocho sentencias condenatorias: una de prisión vitalicia, una de 92 años de prisión y seis de 55 años de prisión. Las autoridades lo han relacionado con al menos 30 homicidios, en su mayoría de mujeres, así como con desapariciones.
Las autoridades penitenciarias y de salud continuarán con los trámites correspondientes tras el fallecimiento del interno. La necropsia será necesaria para determinar las causas oficiales del deceso antes de que el cuerpo pueda ser entregado a sus familiares.