El Estado de México tiene condiciones para convertirse en una potencia energética competitiva, según la visión expuesta por especialistas del sector, entre ellos un socio de McKinsey, quien señaló que México y el Edomex pueden aprovechar su posición estratégica, su demanda industrial y sus recursos naturales para dar un salto en la transición energética.
McKinsey & Company es una de las firmas de consultoría estratégica y de gestión empresarial más grandes e influyentes a nivel global. Asesora a gobiernos, instituciones y grandes corporaciones para resolver problemas complejos, optimizar operaciones e impulsar su transformación. Es un referente en lo que a planes de desarrollo económico y competitivo respecta.
El análisis apunta a que el país requeriría una inversión de 350 mil millones de dólares hacia 2035 para consolidarse como una potencia energética con menor costo de energía, mayor capacidad de atracción de inversión y una matriz más diversificada. En ese escenario, el Estado de México aparece como un actor clave por su peso económico, poblacional e industrial.
Una de las razones por las que se habla de esta posibilidad es la diversidad geográfica y climática del estado. El Edomex cuenta con cinco tipos de clima y diferentes ecosistemas que permiten aprovechar fuentes como la energía solar, eólica, hidroeléctrica y biomasa. Esa variedad lo convierte en un territorio con alta capacidad para desarrollar proyectos energéticos de distintos tipos.
Además, la entidad tiene una fuerte concentración industrial y logística, lo que incrementa la demanda energética y al mismo tiempo genera oportunidades para instalar infraestructura limpia que acompañe el crecimiento económico. Es decir, el estado no solo consume mucha energía: también puede convertirse en un punto estratégico para producirla de manera más sostenible.
El gobierno estatal ha comenzado a impulsar un plan de energías limpias para atraer inversiones y responder a la demanda de proyectos productivos que buscan instalarse en la entidad. Ese plan incluye el uso de energía solar, eólica y biogás, además de la elaboración de un documento rector que identifique las zonas con mayor consumo y aquellas con potencial de crecimiento industrial.